HOY NO HE SIDO UNA BUENA ENFERMERA

Ayer fue un día de trabajo horrible. Teníamos la planta llena y además del trabajo habitual y protocolizado de cada día tuvimos cambios de parte a última hora, tres quirófanos por la mañana, cuatro por la tarde, correr por un sangrado, pacientes que entran en fase terminal, curas, cambios de tratamientos con múltiples técnicas a las 15.00h, traslados a Valencia, traslados de Valencia, ingresos programados, ingresos de urgencias, altas a las 19.00h… logramos sobrevivir con la ayuda de nuestras auxiliares. ¿Lo más lamentable? A las 19.45h. cuando estaba repartiendo medicación y entré a una habitación donde está ingresado un paciente de oncología me dijo:

– “¿qué te ha pasado hoy? las únicas veces que has entrado a mi habitación ha sido cuando me has dado la medicación y corriendo. Hoy ni te he visto”.

Y cuando te entran ganas de decirle (y hasta de gritar) que ya no puedes más, que llevas todo el día corriendo, intentando llegar a todo, con un gran estrés mental poniendo dieciséis sentidos para no cometer un error, le miras a los ojos y te das cuenta que sí, que tiene razón que hoy no has sido una buena enfermera, porque has descuidado a un paciente que hoy no ha tenido fiebre, ni ha sangrado, ni tenía una herida para curar, ni la tensión alta…,  pero que ha estado sentado en su sillón preocupado porque está pendiente del resultado de una prueba que le diga si tiene cáncer y pendiente de que su vida tome un camino arduo y duro para seguir luchando por vivir… Le sigues mirando a los ojos y  le dices “tienes razón, hoy no te he preguntado ni cómo estás. Espero poder compensarte mañana” y te das media vuelta y sigues repartiendo y administrando medicación con una sensación de vacío en el estómago, sabiendo que deberías quedarte hablando con él porque sus palabras sólo reflejan la necesidad del paciente de que alguien le pregunte ¿cómo estás? ¿cómo te sientes?, la necesidad de “Ser Escuchado”; pero sabiendo también que tu jornada finaliza y que debes terminar tu trabajo. Y cuentas el relevo y regresas a casa pensando si podrías haber hecho algo diferente para que ese paciente no se sintiera tan desprotegido hoy.

Y regreso a casa sabiendo que hoy NO he sido una buena enfermera

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